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Patologías

Actualización ACVIM 2026 sobre las chronic inflammatory enteropathies del perro: diagnóstico y manejo clínico.


miércoles 15 abril 2026


Actualización ACVIM 2026 sobre las chronic inflammatory enteropathies del perro: diagnóstico y manejo clínico

Las enteropatías inflamatorias crónicas representan una de las condiciones más frecuentemente observadas en la práctica clínica veterinaria, constituyendo una proporción significativa de los casos de vómito y diarrea persistentes en el perro. En los últimos años, la creciente disponibilidad de datos sobre la fisiopatología, el diagnóstico y las opciones terapéuticas ha hecho necesaria una actualización de las recomendaciones clínicas. En este contexto se enmarca el nuevo consenso ACVIM 2026, que sustituye el documento previo de 2010 con el objetivo de estandarizar la terminología, mejorar el enfoque diagnóstico y proporcionar indicaciones basadas en la evidencia para el manejo clínico de estas patologías.

Uno de los aspectos más relevantes introducidos por el consenso es el abandono del término "inflammatory bowel disease" (IBD), tomado de la medicina humana, en favor de la definición más amplia y apropiada de chronic inflammatory enteropathy (CIE). Esta elección refleja la necesidad de describir un grupo heterogéneo de condiciones caracterizadas por signos gastrointestinales crónicos o recurrentes asociados a inflamación de la mucosa intestinal, sin implicar necesariamente una única entidad patogenética.

Las CIE comprenden, por tanto, un conjunto de trastornos complejos cuya patogenia es multifactorial e involucra la interacción entre predisposición genética, sistema inmunitario mucosal, microbiota intestinal y factores ambientales, incluida la dieta.

En el consenso se especifica que todos los perros pueden verse afectados por CIE, pero que los individuos afectados suelen ser de mediana edad, aunque la enfermedad también puede manifestarse en perros jóvenes, especialmente en los casos de CIE con respuesta a la dieta.

Además, no se ha descrito una predisposición por sexo y, aunque cualquier raza puede verse afectada, se reconocen algunas predisposiciones, entre ellas los pastores alemanes, los soft-coated wheaten terriers y los shar pei chinos.

Otro elemento de actualización relevante es la superación de la visión tradicional que consideraba algunas condiciones como entidades separadas. El consenso propone interpretar ciertas manifestaciones clínicas como fenotipos de la CIE.

En particular, condiciones como la protein-losing enteropathy (PLE) y la colitis granulomatosa (GC) se consideran expresiones clínicas de un mismo espectro patológico, más que enfermedades distintas. Este enfoque refleja la creciente conciencia de la complejidad y heterogeneidad de las enteropatías crónicas y favorece un manejo más integrado del paciente.

En cuanto a los síntomas, para que puedan definirse como persistentes y/o recurrentes, sugiriendo una enteropatía crónica, deben estar presentes durante al menos 3 semanas.

Los más comunes son vómito, diarrea, pérdida de peso y disminución del apetito, y varían en función del segmento intestinal afectado y del grado de inflamación de la mucosa.

Asimismo, pueden presentarse otros signos que ayudan a identificar el segmento del tracto gastrointestinal más comprometido: la urgencia, los borborigmos y la flatulencia sugieren afectación intestinal, mientras que la ingestión de hierba, los signos de náusea y el lamido frecuente de los labios son más indicativos de alteraciones gástricas.

Otra novedad importante del consenso es la introducción de una distinción entre CIE primarias y CIE secundarias, en la que estos términos no deben interpretarse en sentido etiológico, sino en términos de gravedad clínica y complejidad del manejo.

Esta estratificación deriva de un enfoque clínico estructurado que integra la evaluación de la gravedad clínica con la presencia de factores de riesgo sistémicos.

En particular, la distinción se basa en:
- puntuación CCECAI
- presencia de pérdida de peso
- pérdida de apetito
- eventual hipoalbuminemia
- presencia de signos sistémicos o condiciones clínicas complicantes

Los pacientes clasificados como formas primarias (CIE-I) se caracterizan generalmente por signos gastrointestinales leves o moderados, puntuación CCECAI ≤ 5, ausencia de alteraciones sistémicas relevantes, condiciones clínicas estables y apetito conservado. En estos casos es apropiado un enfoque inicial menos invasivo, basado en un protocolo diagnóstico gradual y en el uso de ensayos terapéuticos.

Por el contrario, las formas secundarias (CIE-II) incluyen pacientes con puntuaciones CCECAI ≥ 6, pérdida de peso ≥ 5 %, presencia de signos clínicos más graves o sistémicos o de mayor duración, disminución del apetito, así como presencia de hipoalbuminemia o albumina dentro de rangos normales.

En estos casos está indicado un enfoque diagnóstico más rápido y exhaustivo, con menor margen para ensayos empíricos prolongados y mayor indicación de pruebas diagnósticas avanzadas.

Esta clasificación desempeña, por tanto, un papel práctico fundamental, ya que permite guiar al clínico en la elección de la estrategia diagnóstica y terapéutica más adecuada, adaptándola a la gravedad del cuadro clínico.

El consenso ACVIM recomienda que todos los pacientes con sospecha de CIE, independientemente de su clasificación como primaria o secundaria, sean sometidos a una evaluación exhaustiva que incluya examen físico, valoración del BCS, del MCS, del CIBDAI/CCECAI y una anamnesis nutricional y médica detallada.

Posteriormente, sería recomendable realizar en todos los pacientes con CIE al menos un cribado diagnóstico básico que incluya:
- hemograma completo
- perfil bioquímico sérico
- análisis de orina (especialmente en presencia de hipoalbuminemia)
- exámenes fecales múltiples

No obstante, para ser precisos, los autores señalan que no es imprescindible realizar todas estas pruebas simultáneamente, sino que, en función de la evaluación clínica, puede establecerse un orden de realización.

La anemia normocrómica normocítica no regenerativa se presenta en el 12-19 % de los perros con CIE, y un aumento de la relación neutrófilos/linfocitos en sangre se asocia con una mayor gravedad clínica (puntuación CCECAI) y puede ayudar a diferenciar fenotipos de CIE según la respuesta al tratamiento (CIE-FR vs. CIE-IR).

La CIE grave se asocia con trombocitosis e hipercoagulabilidad (presente en el 63-100 % de los perros con PLE).

La hipoalbuminemia y la panhipoproteinemia pueden ser consecuencia de PLE, y su gravedad tiene valor pronóstico.

La hipocalcemia, la hipomagnesemia y la hipocolesterolemia pueden observarse en perros con PLE, y el aumento de la concentración de nitrógeno ureico en sangre (BUN) constituye un indicador pronóstico negativo.

Si la evaluación clínica y las pruebas de cribado sugieren que el paciente presenta una CIE primaria, el siguiente paso debería ser la realización de al menos un ensayo dietético inicial; en caso de CIE secundaria, puede ser útil complementar el cribado inicial con pruebas adicionales como la determinación de cobalamina, folatos, cPL, cTLI, cortisol sérico, así como una ecografía abdominal y, eventualmente, una radiografía torácica.

La ecografía abdominal constituye una herramienta fundamental para la evaluación de la pared intestinal, los ganglios linfáticos mesentéricos y los órganos abdominales asociados, incluso en ausencia de hallazgos específicos. La radiografía torácica debe considerarse en caso de posible afectación torácica de la CIE (por ejemplo, derrame pleural asociado a PLE) o ante la sospecha de diagnósticos diferenciales o condiciones concomitantes (como enfermedades cardíacas, neoplasias o infecciones como histoplasmosis o blastomicosis).

Además, el consenso especifica que en algunos perros clasificados como CIE-II, con o sin tratamiento dietético previo correctamente realizado, los veterinarios pueden considerar la evaluación de marcadores inflamatorios (PCR, calprotectina fecal) o de marcadores de pérdida proteica gastrointestinal (alfa-1 inhibidor de proteinasa fecal).

Las CIE siguen siendo un diagnóstico de exclusión, y el consenso subraya la importancia de un enfoque diagnóstico sistemático y progresivo. El objetivo inicial es excluir patologías que pueden simular una enteropatía inflamatoria crónica, como infecciones, parasitosis, insuficiencia pancreática exocrina, hipoadrenocorticismo, hepatopatías y neoplasias gastrointestinales.

Una vez descartadas patologías extraintestinales, el enfoque diagnóstico debe basarse en ensayos dietéticos, que se abordarán en detalle en el próximo artículo.

El número de ensayos dietéticos a realizar antes de avanzar hacia pruebas más invasivas, como la endoscopia con biopsias mucosales múltiples, depende de la gravedad de los signos clínicos, de la clasificación de la CIE y de la respuesta obtenida con el ensayo dietético.

Los autores del consenso clasifican la respuesta en función de los cambios en la puntuación CCECAI tras el ensayo dietético.

El CCECAI integra parámetros clínicos como apetito, actividad, vómito, características de las heces y pérdida de peso, junto con variables laboratoriales como la concentración sérica de albúmina, así como la presencia de edema periférico o ascitis y prurito. En comparación con otros índices, presenta mayor valor pronóstico y permite una evaluación más completa del estado del paciente.

El consenso propone interpretar la respuesta terapéutica según la variación del CCECAI, distinguiendo:
- respuesta completa, caracterizada por la resolución de los signos clínicos y una reducción del CIBDAI o CCECAI > 75 %
- respuesta parcial, con mejoría clínica significativa y reducción del CIBDAI o CCECAI entre el 25 % y el 75 %
- ausencia de respuesta, definida por una reducción < 25 %, ausencia de cambios o incremento del índice, junto con persistencia de los signos clínicos

En pacientes con signos clínicos graves que no han mostrado resolución tras (idealmente) al menos tres ensayos dietéticos adecuadamente diseñados o en presencia de sospecha de enfermedad infiltrativa, está indicada la endoscopia con biopsias mucosales múltiples.

El consenso subraya que deben realizarse tanto la endoscopia gastrointestinal superior como la inferior, incluyendo la evaluación del esófago, estómago, duodeno y yeyuno proximal (esofagogastroduodenoscopia), así como el estudio endoscópico del íleon, ciego y colon (ileocolonoscopia).

El nuevo consenso ACVIM 2026 introduce importantes actualizaciones en la comprensión y el manejo de las chronic inflammatory enteropathies del perro. La adopción de una terminología más adecuada, el reconocimiento de la naturaleza heterogénea de la enfermedad y el énfasis en un enfoque diagnóstico estructurado constituyen elementos clave para mejorar la práctica clínica.

En este contexto, el diagnóstico sigue siendo un proceso complejo que requiere la integración de datos clínicos, laboratoriales y, cuando es necesario, histopatológicos. Paralelamente, la clasificación basada en la respuesta terapéutica continúa siendo una herramienta fundamental para la evaluación y el manejo del paciente.

En el próximo análisis se abordará en detalle el papel de la nutrición, que el consenso identifica como un pilar fundamental del tratamiento de las enteropatías inflamatorias crónicas del perro.

BIBLIOGRAFÍA:
- Romy M. Heilmann, Albert E. Jergens, Aarti Kathrani, Karin Allenspach, Silke Salavati Schmitz, Simon L. Priestnall, Julien R. S. Dandrieux, Annette M. O'Connor. ACVIM-endorsed statement: consensus statement and systematic review on guidelines for the diagnosis and treatment of chronic inflammatory enteropathy in dogs. Journal of Veterinary Internal Medicine, 2026, 40(1), aalaf017. https://doi.org/10.1093/jvimsj/aalaf017


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