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Patologías, Terapia de dieta

Efectos de la alimentación sobre el microbiota intestinal del perro y del gato.


miércoles 9 septiembre 2026


Efectos de la alimentación sobre el microbiota intestinal del perro y del gato

En un artículo anterior hablamos de la relación entre el microbiota intestinal y algunas patologías.
En este artículo, en cambio, nos gustaría hacer un breve resumen sobre cómo la alimentación y la modificación de su composición pueden influir en el microbiota intestinal y modificarlo.


Los nutrientes que no son digeridos y absorbidos por el hospedador llegan al colon, donde quedan disponibles para el metabolismo microbiano.

En términos generales, las proteínas y las grasas, debido a su elevada digestibilidad, son utilizadas por el hospedador, mientras que los componentes de los alimentos que se digieren de forma incompleta en el tracto gastrointestinal superior sirven principalmente como fuente de nutrientes para el microbiota, desempeñando un papel significativo en su composición y función.

Un estudio reciente ha demostrado no solo que las diferentes dietas pueden modificar el microbioma presente en las heces, sino también que las intervenciones dietéticas son capaces de modificar el microbiota en un periodo de tiempo muy breve.

Sin duda, entre los nutrientes que ejercen una mayor influencia sobre el microbiota intestinal se encuentran los carbohidratos complejos y, en particular, las fibras.

Sin embargo, no todas las fibras son iguales y, en función de sus características, actúan de manera diferente sobre el microbiota.

De hecho, en función de su solubilidad, fermentabilidad y de las características de su superficie, participan en mayor o menor medida en la degradación microbiana.

En general, los alimentos utilizados en las dietas caseras, así como algunos de los empleados en la industria de los alimentos para animales de compañía (PetFood), como la pulpa de remolacha, contienen una mezcla de fibras solubles e insolubles, con diferentes grados de fermentabilidad.

Además, algunos alimentos, como la fruta, el arroz, la avena o la cebada, son fuentes de almidones resistentes, es decir, almidones que no son digeridos por el hospedador y que, una vez que llegan al colon, se convierten en sustrato para el metabolismo del microbiota.

En perros se han realizado estudios sobre los efectos específicos de los almidones resistentes en la composición del microbiota. Por ejemplo, el aumento de la fibra de patata, que contiene tanto almidón digerible como una fracción de almidón resistente, incrementó el porcentaje de Faecalibacterium en el microbiota de los perros, mientras que el uso de fructooligosacáridos (FOS) aumenta las poblaciones beneficiosas, como los lactobacilos y las bifidobacterias.

El uso de determinadas fibras no solo influye en la composición del microbiota, sino que también modifica la cantidad de ácidos grasos de cadena corta (AGCC; SCFA, por sus siglas en inglés) presentes en el colon y en las heces.

Estas fibras se consideran de acción prebiótica, ya que son ingredientes que, una vez fermentados, permiten producir cambios específicos tanto en la composición como en la actividad de la microbiota intestinal, aportando beneficios para el bienestar y la salud del hospedador.

Sin embargo, existe la idea errónea de que los productos con acción prebiótica son únicamente las fibras, cuando actualmente está establecido que cualquier sustancia que llegue al microbioma, como las proteínas, algunos carbohidratos simples, las grasas o los polifenoles, puede actuar como prebiótico, es decir, influir en el microbiota intestinal.

En el caso de las proteínas, por ejemplo, algunos estudios muestran que su digestibilidad, su cantidad en la dieta y la relación entre estas y otros nutrientes, como los carbohidratos presentes en la alimentación, pueden influir en el metabolismo microbiano. No obstante, en la mayoría de los estudios ha sido imposible atribuir con certeza los cambios positivos observados en el microbiota únicamente a la fuente proteica, ya que en todos ellos también estaban implicados los carbohidratos.

Por el contrario, es evidente que la calidad de las proteínas ingeridas puede influir negativamente en el microbiota, ya que la ingestión de grandes cantidades de proteínas poco digestibles aumenta la cantidad de proteínas que llegan a las poblaciones bacterianas del colon, donde sufren procesos de putrefacción, es decir, el proceso de descomposición microbiana de los aminoácidos en productos postbióticos. Algunos de estos productos parecen estar implicados en la patogenia y progresión de determinadas enfermedades inflamatorias, como la atopia, la insuficiencia renal crónica y la enteritis crónica.

En cuanto al papel directo de las grasas y de su cantidad en la modulación del microbiota, los estudios realizados en perros y gatos son muy limitados. La mayor parte de la información disponible procede de estudios realizados en humanos y ratones.

Estos estudios muestran que las dietas con un elevado contenido de grasas (45-60 % del aporte calórico diario) inducen un rápido deterioro del microbiota, ya después de 2-3 días desde el inicio de la dieta.

Hasta la fecha, se desconoce la causa, aunque parece estar relacionada con la naturaleza proinflamatoria de determinadas grasas alimentarias.

No obstante, algunos ácidos grasos pueden ejercer un efecto beneficioso sobre el microbiota gastrointestinal. Algunas investigaciones recientes, por ejemplo, han señalado un posible papel beneficioso del ácido linoleico en la producción de metabolitos postbióticos por parte de las bacterias intestinales, que podrían ser capaces de prevenir la alteración de la barrera epitelial causada por bacterias periodontopatógenas.

En cualquier caso, son necesarios más estudios para comprender cómo y qué lípidos pueden influir positivamente en la salud del hospedador mediante la modulación del microbiota.

Por último, aunque no son propiamente nutrientes presentes en la dieta, no se pueden dejar de considerar los probióticos en las estrategias nutricionales destinadas a la modulación del microbiota intestinal, ya que su utilización se encuentra entre los enfoques más habituales.

Los probióticos se han definido como microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas como parte de la alimentación, son capaces de conferir beneficios para la salud del hospedador.

Los probióticos pueden alterar el microbioma residente en el intestino mediante diversos mecanismos: estimulando el crecimiento de determinadas bacterias a través de interacciones metabólicas; modificando la cantidad de bacterias patógenas mediante una acción directa, colonizando el intestino, o mediante una acción indirecta; y a través de interacciones con el epitelio del hospedador y con el sistema inmunitario.

La colonización efectiva del intestino del hospedador por parte del probiótico sigue siendo objeto de debate y parece depender tanto del microbioma preexistente como del propio hospedador.

Otro aspecto objeto de debate en la comunidad científica se refiere a las especies bacterianas que deben utilizarse como probióticos. De hecho, algunos autores sugieren que las especies bacterianas utilizadas deberían proceder idealmente del intestino de la especie hospedadora. Sin embargo, ningún estudio ha comparado hasta la fecha la eficacia real de los probióticos derivados de perros y gatos con la de los disponibles comercialmente y derivados de otras especies.

Incluso en los productos que contienen probióticos destinados a perros y gatos, las cepas bacterianas presentes a menudo no proceden de perros ni de gatos y, a diferencia de los productos destinados al uso humano, presentan un número limitado de variedades de cepas bacterianas debido a la legislación vigente, que restringe considerablemente su utilización.

BIBLIOGRAFÍA
- Mori, A., Goto, A., Kibe, R., Oda, H., Kataoka, Y., and Sako, T. (2019). Comparison of the effects of four commercially available prescription diet regimens on the fecal microbiome in healthy dogs. J. Vet. Med. Sci. 81, 1783-1790. doi: 10.1292/jvms.19-0055
- Wernimont, S. M., Radosevich, J., Jackson, M. I., Ephraim, E., Badri, D. V., MacLeay, J. M., Jewell, D. E., and Suchodolski, J. S. (2020). The Effects of Nutrition on the Gastrointestinal Microbiome of Cats and Dogs: Impact on Health and Disease. Front. Microbiol. 2020; 11: 1266. Review open access.


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