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Alimentación, Nutrientes

Las dificultades en la elección de la fibra a utilizar en las dietas para perros y gatos.


miércoles 27 mayo 2026


Las dificultades en la elección de la fibra a utilizar en las dietas para perros y gatos

En el manejo de numerosas patologías, no solo gastrointestinales, la elección del tipo de fibra a utilizar constituye una de las dificultades a las que debe enfrentarse el nutricionista.
Este problema no se plantea únicamente cuando se elabora un plan nutricional de tipo casero, sino también cuando se debe decidir qué alimento recomendar para el manejo de la patología del paciente.


En efecto, la fibra dietética comprende un conjunto diversificado de carbohidratos no digeribles con características y efectos diferentes sobre el organismo, que deben ser tenidos en consideración al seleccionar la fibra a utilizar en función de la patología que afecta al animal.

Las características clave de una fibra son la fermentabilidad, la solubilidad y la viscosidad.

La fermentabilidad de una fibra se define por la velocidad y la completitud con la que puede ser fermentada por las bacterias presentes en el tracto gastrointestinal.

En general, las fibras se dividen en fibras no fermentables, lentamente fermentables, moderadamente fermentables y rápidamente fermentables.

Durante la fermentación, las bacterias producen principalmente ácidos grasos de cadena corta (AGCC), dióxido de carbono, metano y agua.

Si por un lado la producción de AGCC es uno de los principales objetivos por los que se decide utilizar una fibra altamente fermentable, por otro su uso puede provocar un aumento de los gases presentes en el intestino, induciendo flatulencia.

Además, cuando se opta por utilizar una fibra fermentable, es necesario tener en cuenta sus efectos sobre el tracto gastrointestinal; de hecho, cuanto mayor es la velocidad de fermentación de una fibra, menor es la velocidad del tránsito gastrointestinal y la masa fecal producida, mientras que aumenta la producción de metabolitos fecales.

Por el contrario, las fibras no fermentables atraviesan el tracto gastrointestinal sufriendo pocas modificaciones en su estructura y, en consecuencia, ejercen un mayor efecto sobre el volumen fecal debido a su capacidad de retener agua a lo largo de todo el tracto gastrointestinal.

La solubilidad de una fibra, por su parte, depende de su capacidad para disolverse en una solución acuosa, mientras que la viscosidad representa la medida de la capacidad de una fibra para espesarse formando un gel en solución.

En general, la viscosidad y la fermentabilidad son características más comúnmente atribuidas a las fibras clasificadas como solubles.

Sin embargo, no todas las fibras solubles presentan el mismo grado de fermentabilidad y viscosidad.

A continuación, se presenta un esquema en el que se indican los niveles de solubilidad y fermentabilidad de los distintos tipos de fibra.

SOLUBILIDAD ALTA
SOLUBILIDAD MODERADA
SOLUBILIDAD BAJA

FERMENTABILIDAD ALTA
Fructanos (ej.: FOS, inulina), galactanos, mananos, mucílagos, pectina de manzana, goma guar, goma arábiga, fibra de soja, pulpa de manzana o de zanahoria

FERMENTABILIDAD MODERADA
Pectinas, semillas de lino
Orujo de uva, pulpa de tomate, cáscara de guisantes
Hemicelulosa, fibra de guisantes, pulpa de remolacha, salvado de arroz, salvado de soja, salvado de trigo

FERMENTABILIDAD BAJA
Psyllium
Celulosa, lignina



En términos generales, las fibras insolubles se utilizan principalmente por su capacidad para aumentar la masa fecal y reducir el tiempo de tránsito intestinal, mientras que las fibras solubles se prefieren cuando se desea reducir la velocidad de vaciamiento gástrico y aumentar el grado de hidratación de las heces.

Otro de los usos de las fibras solubles es su efecto prebiótico, es decir, su capacidad de ser utilizadas por las bacterias intestinales para producir metabolitos que confieren beneficios a la salud intestinal del huésped.

Sin embargo, el efecto prebiótico no se debe a la solubilidad de la fibra en sí, sino a su capacidad de ser fermentada.

En efecto, es la fermentación de las fibras por parte de las bacterias lo que permite la producción de los denominados AGCC que, al actuar como fuente de energía tanto para las propias bacterias como para las células del colon, aportan beneficios al tracto gastrointestinal.

Además, otro beneficio local atribuido a la producción de ácidos grasos de cadena corta es la disminución del pH luminal, lo que inhibe la proliferación de Clostridium y otras bacterias patógenas, mejora la absorción mineral y, al reducir la degradación de péptidos, disminuye la producción de aminas, amoníaco y compuestos fenólicos.

Por ello, resulta fundamental conocer qué fibras solubles poseen una elevada fermentabilidad.

Si, por ejemplo, se utiliza el psyllium como fibra soluble, debe tenerse en cuenta que no tendrá una acción prebiótica significativa, ya que esta fibra no presenta una elevada capacidad de fermentación.

Para este propósito es preferible utilizar otras fibras solubles como la inulina, los FOS o los MOS.

El mismo razonamiento debería aplicarse cuando se decide incluir una fibra soluble para el control glucémico.

También en este caso es importante saber que la capacidad de controlar la glucemia posprandial y aumentar la respuesta insulínica, típica de las fibras solubles, no depende tanto de su solubilidad como de su viscosidad.

De hecho, a medida que aumenta la viscosidad de la fibra, también aumenta su capacidad para ralentizar la absorción de glucosa, con la consiguiente atenuación de la respuesta glucémica posprandial y un mejor control de la glucemia en sujetos diabéticos.

En consecuencia, cuando se elige utilizar una fibra soluble en un animal diabético, sería preferible seleccionar una de alta viscosidad, como por ejemplo las pectinas, la goma guar o el psyllium.

No obstante, un uso excesivo de fibras solubles y viscosas puede reducir la disponibilidad de algunos nutrientes, ya que la formación de gel actúa como una barrera física a la digestión enzimática de los nutrientes y, por lo tanto, a su absorción.

Conocer las características de las distintas fibras es fundamental también para poder evaluar de forma adecuada un alimento comercial.

Lamentablemente, en los alimentos para mascotas (Pet Food) únicamente se declara en la etiqueta la fibra bruta, la cual no proporciona una estimación de las fibras solubles y fermentables que contiene el alimento.

De hecho, estas no están incluidas en los análisis utilizados para calcular la cantidad de fibra bruta presente en un alimento.

Las fibras insolubles, en cambio, están parcialmente incluidas en la determinación de la fibra bruta, aunque una parte de ellas tampoco se contempla en este cálculo.

Esto significa que, basándose únicamente en los valores analíticos presentes en la etiqueta de un alimento para mascotas, no es posible conocer su contenido real en fibra, ya que, por ejemplo, si el alimento contiene una alta cantidad de fibra soluble pero poca fibra insoluble, la fibra bruta declarada seguirá siendo reducida.

Para evaluar el contenido total de fibra sería necesario conocer lo que se denomina fibra dietética total (TDF). Este análisis, en efecto, separa las fibras solubles e insolubles, incluyendo así el aporte de fibras que no se detectan mediante el análisis de la fibra bruta.

De este modo, al comparar este dato con el de la fibra bruta y analizar los ingredientes presentes, el nutricionista puede determinar cuánta fibra hay y con qué características está presente en el alimento.

Lamentablemente, incluso cuando se elabora una dieta casera, no siempre es sencillo conocer el tipo de fibra que se está administrando a través de los alimentos incluidos en el plan nutricional.

De hecho, numerosas bases de datos oficiales (entre ellas el INRAN) reportan en sus tablas únicamente el dato de fibra dietética total, pero no la diferenciación entre fibra soluble e insoluble y, sobre todo, no existe una base de datos completa que indique el grado de fermentabilidad y viscosidad de las fibras presentes en los alimentos de uso humano.

BIBLIOGRAFÍA:
- Adam A. Moreno, Valerie J. Parker, Jenessa A. Winston, Adam J. Rudinsky. Dietary fiber aids in the management of canine and feline gastrointestinal disease. J Am Vet Med Assoc. 2022 Oct 26;260(S3):S33-S45.
- Case, L. P., Daristotle, L., Hayek, M. G., & Raasch, M. F. (2010). Canine and Feline Nutrition: A Resource for Companion Animal Professionals. Capítulo 2.


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