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Índice glucémico y respuestas postprandiales a la ingesta de almidones puros y dietas extruidas en perros y gatos.


miércoles 22 julio 2026


Índice glucémico y respuestas postprandiales a la ingesta de almidones puros y dietas extruidas en perros y gatos

El índice glucémico se ha utilizado durante mucho tiempo en nutrición humana para clasificar los alimentos en función de la rapidez con la que provocan un aumento de la glucemia tras su ingestión y del tiempo necesario para que los niveles de glucosa sanguínea vuelvan a estar en línea con los valores registrados en ayunas

El índice glucémico de un alimento se evalúa comparando el incremento de los niveles de glucosa en sangre después de la ingesta de una porción de dicho alimento con el aumento de los niveles de glucosa tras la administración de una porción equivalente de glucosa.

La respuesta glucémica se expresa como el área bajo la curva correspondiente al incremento de los niveles de glucosa en sangre obtenidos mediante extracciones realizadas a intervalos regulares. Generalmente, en humanos, las muestras sanguíneas se obtienen a los 15, 30, 45, 60, 90 y 120 minutos después de la ingesta del alimento.

Asignando un valor de 100 al área bajo la curva correspondiente a la glucosa, el índice glucémico de los demás alimentos se expresa como un valor porcentual respecto al de la glucosa.

En términos generales, los alimentos con un valor inferior a 55 se consideran de bajo índice glucémico; aquellos con valores comprendidos entre 56 y 69 se clasifican como alimentos de índice glucémico medio, mientras que los valores superiores a 70 corresponden a alimentos con un índice glucémico elevado.

Alimentos como los guisantes, las lentejas y las habas presentan valores bajos de índice glucémico, mientras que cereales como el maíz muestran un índice glucémico elevado.

Las patatas, en cambio, presentan un índice glucémico variable en función de la variedad y del método de cocción utilizado. Por ejemplo, las patatas hervidas presentan un índice glucémico inferior al de las patatas cocinadas al horno o fritas.

La importancia de este parámetro en nutrición humana está relacionada con numerosos estudios que asocian el consumo de alimentos con bajo índice glucémico con una reducción de la incidencia de hiperglucemia postprandial, así como de obesidad, resistencia a la insulina, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Una de las posibles razones podría estar relacionada con el aumento de la formación de metilglioxal que se produce como consecuencia del incremento de la glucemia postprandial.

El metilglioxal es un metabolito tóxico derivado de la glucosa que se ha asociado con estados de hipertensión, rigidez arterial, así como con diabetes mellitus tipo 2 y resistencia a la insulina.

El índice glucémico se considera especialmente en las dietas destinadas a personas con diabetes, ya que la ingesta de alimentos con bajo índice glucémico parece mejorar el control glucémico postprandial y la sensibilidad a la insulina.

Sin embargo, diferente es la cuestión relacionada con el posible uso de alimentos con bajo índice glucémico como estrategia preventiva frente al desarrollo de diabetes.

Los estudios realizados en medicina humana han proporcionado resultados contradictorios: algunos han demostrado que las dietas con bajo índice glucémico podrían reducir el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, mientras que otros no han encontrado ninguna relación entre el índice glucémico y el desarrollo de diabetes.

Pero ¿puede aplicarse también a perros y gatos el concepto de índice glucémico estudiado en humanos?

Antes de responder a esta pregunta, es importante recordar que perros y gatos presentan diferencias importantes respecto al ser humano en su capacidad para digerir los almidones, y que estas diferencias también existen entre ambas especies.

La domesticación del perro, actualmente considerado un carnívoro adaptado, ha incrementado su capacidad para digerir y metabolizar el almidón mediante un aumento del número de copias génicas de la amilasa pancreática y del transportador de glucosa presente en la membrana apical intestinal.

Por el contrario, los gatos, considerados carnívoros estrictos, presentan una baja actividad enzimática para la digestión de los almidones. Sin embargo, en esta especie nunca se han esclarecido completamente las relaciones existentes entre la digestión del almidón, la absorción y tolerancia a la glucosa, así como la sensibilidad a la insulina.

Hasta hace poco tiempo, los estudios sobre el índice glucémico de diferentes alimentos en perros y gatos eran prácticamente inexistentes.

Existían dos estudios, publicados en 2012 y 2015 en perros, en los que se observó que las comidas basadas en carbohidratos simples aumentaban los niveles de metilglioxal y disminuían la función vascular postprandial. Además, en estos estudios se asignaron valores de índice glucémico para el perro de 29 para los guisantes enteros molidos, 55 para el arroz blanco y 47 para la harina de maíz.

En 2021 se publicó un artículo muy interesante, de acceso abierto, cuyo enlace para su consulta se incluye en la bibliografía, cuyo objetivo era evaluar la glucosa y la insulina postprandiales, así como el metilglioxal, en perros y gatos alimentados con diferentes fuentes de almidones puros y con dietas extruidas, con el fin de comprobar si el concepto de índice glucémico también era aplicable a los animales de compañía.

En particular, los autores plantearon la hipótesis de que los almidones puros procedentes de leguminosas, así como las dietas formuladas con almidones de leguminosas como fuente de carbohidratos, producirían respuestas glucémicas, insulinémicas y de metilglioxal postprandiales inferiores en comparación con ingredientes utilizados habitualmente en alimentos para animales de compañía, concretamente el almidón de maíz, tanto en perros como en gatos.

Además, plantearon que los gatos, debido a su menor actividad enzimática relacionada con la digestión y absorción de carbohidratos, presentarían, independientemente del carbohidrato utilizado, respuestas glucémicas e insulinémicas inferiores respecto a los perros.

Por el contrario, consideraron que en el gato podría producirse un aumento de los niveles sanguíneos de metilglioxal debido a una menor presencia de enzimas glucolíticas en esta especie en comparación con el perro.

Como fuentes de almidón crudo se utilizaron almidón de maíz no modificado, almidón de maíz modificado (hidroxipropilado), harina de guisante amarillo, harina de haba, harina de lenteja amarilla, almidón de tapioca, harina de trigo y fécula de patata.

Las fuentes de almidón modificado, la harina de guisante, la harina de haba y la harina de lenteja también se utilizaron para elaborar dietas comerciales secas que posteriormente fueron administradas a los animales incluidos en el estudio, con el objetivo de comparar las respuestas glucémicas e insulinémicas frente a una misma fuente de almidón sometida a un tratamiento diferente (almidón puro frente a dieta extruida).

Evidentemente, todos los resultados se compararon posteriormente con los obtenidos tras la administración exclusiva de glucosa.

Todos estos alimentos fueron administrados como comidas únicas a perros y gatos adultos, con peso corporal normal y esterilizados, utilizando la metodología empleada en medicina humana para la evaluación del índice glucémico.

La única diferencia respecto a los protocolos utilizados en humanos fueron los ajustes realizados en el tamaño de la comida y en los tiempos de extracción sanguínea, con el objetivo de adaptarlos mejor a la fisiología específica del perro y del gato.

En concreto, los animales recibieron cantidades de alimento que aportaban 1 g de carbohidratos disponibles por kilogramo de peso vivo y las muestras sanguíneas se obtuvieron, en el perro, en ayunas y a los 15, 30, 45, 60, 90, 120, 150 y 180 minutos después de la ingestión de la comida. En el gato, además de la muestra preprandial, la sangre se obtuvo a los 15, 30, 60, 120, 180, 240 y 300 minutos después de la ingesta.

La razón de esta diferencia reside en que, en la especie felina, el pico glucémico aparece después de un periodo de tiempo más prolongado tras la ingestión del alimento, además de que se requiere más tiempo para que la glucemia vuelva a niveles similares a los registrados en ayunas.

De forma precisa, el estudio determinó que en el perro son necesarias aproximadamente 3 horas para que la glucemia vuelva a los valores basales, mientras que en el gato son necesarias aproximadamente 5 horas.

En relación con las respuestas glucémicas postprandiales tras la administración de glucosa y almidones puros, los resultados mostraron que en el gato los picos glucémicos eran inferiores a los observados en el perro para todos los almidones, con excepción de la glucosa pura y el almidón de maíz no modificado.

Además, en los gatos, los valores de glucemia postprandial permanecieron iguales o incluso inferiores a los niveles de glucemia en ayunas para todos los almidones evaluados, indicando una respuesta glucémica prácticamente insignificante tras la administración exclusiva de almidones purificados.

Por el contrario, los perros mostraron un pico glucémico durante el periodo postprandial después de la administración de todos los almidones purificados.

Al calcular el área bajo la curva de los valores de glucosa y el índice glucémico, en el perro el orden de mayor a menor fue el siguiente: glucosa, almidón de tapioca, harina de trigo, almidón de arroz, almidón de maíz no modificado, almidón de guisante, almidón de maíz modificado, almidón de lenteja, almidón de haba y, finalmente, fécula de patata.

Sin embargo, las diferencias entre los valores del índice glucémico de las distintas fuentes de almidón no resultaron estadísticamente significativas. Los autores consideran que la ausencia de diferencias significativas se debe principalmente a un posible error estadístico relacionado con el amplio intervalo de variación observado en los valores del índice glucémico entre los diferentes individuos.

El área bajo la curva correspondiente a la administración de glucosa fue superior a la observada para todos los demás almidones, con la excepción de la tapioca (cuyo índice glucémico fue de 93 ± 32).

Es importante especificar que el área bajo la curva elevada observada para la tapioca no se debió a la presencia de un pico glucémico elevado, sino a una concentración de glucosa sanguínea baja pero mantenida durante un periodo prolongado de tiempo.

En el gato, en cambio, el orden observado fue diferente: almidón de arroz, harina de trigo, fécula de patata, almidón de tapioca, almidón de maíz no modificado, almidón de maíz modificado, almidón de lenteja, almidón de guisante y almidón de haba.

Sin embargo, para todos los almidones evaluados, el índice glucémico resultó bajo (aproximadamente la mitad del valor correspondiente observado en el perro) y, como se ha mencionado previamente, para la mayoría de los almidones los picos glucémicos fueron muy bajos y no presentaron diferencias significativas respecto a los niveles de glucemia en ayunas.

Únicamente la harina de trigo, la harina de arroz y el almidón de maíz mostraron un pico glucémico significativo, aunque de baja magnitud.

Resultados similares, aunque con un orden ligeramente diferente, se obtuvieron tras la administración de dietas extruidas que contenían almidón de maíz modificado, almidón de maíz, almidón de guisante, almidón de haba y almidón de lenteja.

También en este caso, los índices glucémicos permanecieron muy bajos en el gato, sin diferencias estadísticamente significativas entre los distintos alimentos, ni en perros ni en gatos.

En relación con los niveles plasmáticos de metilglioxal en el perro, se observó que el aumento postprandial de este metabolito seguía generalmente el mismo orden que los valores del índice glucémico de los diferentes alimentos. Por el contrario, en el gato, la magnitud del cambio en las concentraciones plasmáticas postprandiales de metilglioxal mostró una escasa relación con el orden de los valores del índice glucémico.

Además, en la especie felina, las concentraciones plasmáticas postprandiales de metilglioxal descendieron por debajo de los valores registrados en ayunas ya a los 60 minutos después de la ingesta, con la excepción del almidón de guisante y, como era esperable, de la glucosa pura.

Otro dato importante, y que sorprendió a los autores, fue que no existían diferencias en los valores basales de metilglioxal entre perros y gatos. Asimismo, tampoco se observaron diferencias después de la administración de glucosa pura ni después de la administración de ninguno de los almidones evaluados, con la única excepción del almidón de guisante.

Se obtuvieron resultados similares después de la administración de dietas extruidas que contenían los diferentes almidones, excepto en el caso del almidón de guisante en gatos, donde la dieta extruida produjo concentraciones bajas de metilglioxal, en contraste con la alimentación basada exclusivamente en almidón de guisante.

Por lo tanto, parece que el proceso de extrusión y la incorporación de los almidones dentro de una dieta completa no modifican las respuestas relacionadas con el metilglioxal.

Resumiendo los resultados obtenidos, el estudio demostró que los gatos presentaban respuestas glucémicas inferiores a las de los perros para la mayoría de los almidones evaluados y para todas las dietas extruidas, poniendo de manifiesto que los gatos sanos son capaces de gestionar adecuadamente la glucosa derivada de la digestión de los almidones alimentarios. Además, en los gatos, las concentraciones postprandiales de metilglioxal disminuyeron respecto a los valores en ayunas, mientras que en el perro se observaron incrementos postprandiales de este metabolito.

Finalmente, en el perro, el índice glucémico mostró una tendencia similar a la observada para la respuesta insulinémica, mientras que en el gato las respuestas glucémicas no mostraron una relación aparente con el índice glucémico ni con los valores postprandiales de metilglioxal.

Los autores, en sus conclusiones, indican que este estudio demuestra que el concepto de índice glucémico puede aplicarse al perro, pero no al gato, tanto en el caso de almidones purificados como en alimentos extruidos que contienen estos ingredientes.

No obstante, esto no significa que los índices glucémicos calculados para los diferentes alimentos en nutrición humana puedan aplicarse directamente a los perros. De hecho, este estudio pone de manifiesto que, en términos generales, los índices glucémicos de los alimentos son más bajos en el perro que en el ser humano y que alimentos como las patatas, que en humanos presentan un índice glucémico elevado, en el perro se encuentran entre los alimentos con menor índice glucémico.

BIBLIOGRAFÍA
- Jennifer M. Briens , Marina Subramaniam , Alyssa Kilgour , Matthew E. Loewen , Kaushik M. Desai , Jennifer L. Adolphe , Kyla M. Zatti , Murray D. Drew , Lynn P. Weber. Glycemic, insulinemic and methylglyoxal postprandial responses to starches alone or in whole diets in dogs versus cats: Relating the concept of glycemic index to metabolic responses and gene expression. Comp Biochem Physiol A Mol Integr Physiol 2021 Jul;257:110973 Articolo Open access visionabile al link: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1095643321000799?via%3Dihub
- Adolphe, J.L., Drew, M.D., Huang, Q., Silver, T.I., Weber, L.P., 2012. Postprandial impairment of flow-mediated dilation and elevated methylglyoxal after simple but not complex carbohydrate consumption in dogs. Nutr. Res. 32, 278-284.
- Adolphe, J.L., Drew, M.D., Silver, T.I., Fouhse, J., Childs, H., Weber, L.P., 2015. Effect of an extruded pea or rice diet on postprandial insulin and cardiovascular responses in dogs. J. Anim. Physiol. Anim. Nutr. 99, 767-776


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